Nuestras prácticas parten del cuerpo y la mente buscando la experiencia directa.
Comenzamos por lo biomecánico: la estructura, los apoyos, la alineación, la movilidad y la relación entre las distintas partes del cuerpo. Desde ahí, el trabajo avanza progresivamente hacia una dimensión más interna y bioenergética.
El cuerpo humano es bípedo y bilateral. En las artes internas, esta bilateralidad también puede comprenderse desde la relación entre yin y yang: dos aspectos diferentes que no se oponen, sino que se complementan y se regulan mutuamente.
Por ello, nuestra metodología presta especial atención a la arquitectura corporal, a las asimetrías y a los desequilibrios que aparecen tanto en la postura como en el movimiento. La práctica busca desarrollar la sensibilidad necesaria para reconocerlos y trabajar sobre ellos de una manera consciente, progresiva y ordenada.
Este proceso se articula también a través de una taxonomía propia, actualmente en desarrollo, que permite ordenar, clasificar y comprender los distintos aspectos de la práctica. Esta taxonomía sirve como mapa de trabajo para observar el cuerpo, reconocer patrones, establecer relaciones entre estructura, movimiento, respiración y atención, y orientar el proceso de aprendizaje desde lo más externo hacia lo más interno.
No se trata únicamente de corregir una forma externa, sino de aprender a habitar el cuerpo con mayor atención.
A través de disciplinas como la meditación, la respiración, los estiramientos, el Qi Gong, el Taijiquan, el Baguazhang y otras prácticas vinculadas a las artes marciales internas, trabajamos la relación entre estructura, movimiento, respiración, atención y energía.
En este proceso, el cuerpo deja de ser únicamente un instrumento que utilizamos y se convierte también en un espacio de observación y conocimiento.
Los hábitos cotidianos, las tensiones acumuladas, la falta de movilidad o una atención excesivamente volcada hacia el exterior pueden alejarnos progresivamente de la percepción corporal. La práctica interna propone el camino inverso: regresar al cuerpo, escuchar, observar y reconocer.
La quietud permite percibir.
La respiración permite regular.
El movimiento permite integrar.
Y la atención establece el vínculo entre cuerpo y mente.
Desde esta perspectiva, la práctica de las artes internas no consiste solamente en aprender técnicas, formas o aplicaciones marciales. Es también un proceso de transformación de la manera en que nos movemos, respiramos, percibimos y nos relacionamos con nosotros mismos.
Buscamos recuperar una relación más equilibrada entre estructura, movimiento y conciencia, favoreciendo las capacidades naturales de regulación del organismo.
La práctica se convierte así en un camino de conocimiento: del cuerpo hacia la mente, de lo externo hacia lo interno y de la técnica hacia la comprensión.
Marco Villagra