Artes marciales internas:

del movimiento a la conciencia

«La paz es el camino, no es la meta»

Las artes marciales suelen asociarse con el combate, la fuerza o la destreza física para golpear, para atacar o defender… Sin embargo, las artes marciales internas (AMI) nos acercan a otra dimensión de la práctica personal, en la que el movimiento, la respiración y la conciencia se convierten en instrumentos de conocimiento.

Conversamos con Marco sobre el sentido de estas disciplinas (Taiji, Bagua, XinJi, Qi Gong, Yoga, Meditación…), la relación entre el cuerpo y la mente, la responsabilidad de quien enseña y el valor de una práctica que puede acompañarnos durante toda la vida.

Cuando hablamos de artes marciales, solemos pensar en el combate, lucha. Sin embargo, tu las sitúa al mismo nivel que otras expresiones artísticas. ¿Qué significa entender el arte marcial como un verdadero arte?

Desde tiempos ancestrales, el ser humano ha creado diferentes artes, disciplinas, para desarrollar sus diferentes manifestaciones. Las AM están a la altura de las demás artes, como la literatura, la pintura, la escultura, la música, la danza, etc…

Las artes, además, nos permiten expresar nuestros sentimientos y razonamientos; es decir, se mueven entre lo material y lo inmaterial (lo físico y lo metafísico). Particularmente las artes marciales Chinas e Indias, están sujetas a sus medicinas tradicionales (Acupuntura, Aryuveda) . La anatomía, fisiología energética inundan las prácticas en los estilos internos. 

Un arte, para que sea arte, tiene que sanar, tiene que ser un «arte-sanador». Queremos formar alumnos de manera integral. Debe facilitar el desarrollo y la expresión del ser y de sus singularidades. 

¿Dónde situaría la diferencia entre el deporte marcial y el arte marcial interno? ¿Qué busca desarrollar cada uno?

Para marcar la diferencia, utilizaremos el término «deporte marcial» para distinguirlo del «arte marcial».

El deporte marcial es más competitivo: uno se mide con otros y se trabajan cualidades como la rapidez, la fuerza y las capacidades de alto rendimiento, pero orientadas hacia fuera, ya que siempre se compite con otros.

El arte marcial interno, en cambio, forma artistas. Formar a un artista lleva muchos años, porque se busca un desarrollo más integral y holístico. Para ello, las artes marciales internas priman el trabajo mental e interno, la voluntad, la paciencia, el respeto, la práctica personal y el trabajo cognitivo, sobre el trabajo físico, que también está presente, pero no constituye el fin, sino tan solo el medio, el instrumento.

Los estilos internos de artes marciales se valen de múltiples técnicas y disciplinas para lograr esos fines: meditación, respiraciones, estiramientos, endurecimiento, relajación, etc.

Esta es una labor de años que lleva a cultivar la disciplina, la paciencia y la constancia. Se va descubriendo el talento y desarrollándolo poco a poco, como sucede en una disciplina artística, por ejemplo, en las artes plásticas, la pintura, la música…

La palabra «marcial» proviene de Marte, el dios romano de la guerra, cuyo equivalente griego es Ares.

En los estilos internos de las artes marciales se prepara al artista para las batallas personales internas. Ese será su escudo para las batallas internas, externas de la vida. Si tu mente no está estable y centrada, no podrás librar tus batallas existenciales con más eficacia. 

Las AM chinas abarcan disciplinas y estilos muy diferentes. ¿Cómo podemos reconocer cuál responde mejor a nuestras necesidades y a nuestro momento vital?

Las distintas disciplinas responden a las diferentes cualidades y necesidades del ser humano. Es decir, hay disciplinas que pueden ser más afines a determinados estados de salud, temperamentos, personalidades o edad. 

Si eres una persona enérgica, posiblemente te inclines por un arte marcial más dinámico, marcial y competitivo. Si, por el contrario, eres una persona más pausada, serena, si tienes ciertas limitaciones físicas, puede que prefieras una disciplina que requiera menos movimiento, como el Qi Gong, TaiJi, Yoga, por ejemplo.

Para los jóvenes pueden resultar más atractivas las prácticas dinámicas y explosivas, mientras que, en la edad adulta, pueden cobrar mayor importancia aquellas en las que prime la relación entre el cuerpo y la mente, la salud.

Las AM chinas (WUSHU) responden muy bien a esta diversidad de necesidades, ya que abarcan desde el Wai Jia (外家), que se refiere a los estilos externos, hasta el Nei Jia (内家), que hace referencia a los estilos internos.

Según el estado físico y mental, las necesidades personales y el momento vital de cada individuo, se podrá optar por unas disciplinas u otras.

Uno de los fundamentos de estas prácticas es el movimiento consciente. Pero ¿qué significa realmente moverse con conciencia? ¿Qué nos permite descubrir sobre nosotros mismos?

Para que haya movimiento consciente, debemos tener en cuenta que la postura precede al movimiento, el gesto precede a la postura y la mente precede al movimiento del cuerpo.

Entendemos la conciencia como la capacidad de darse cuenta de lo que está pasando insitu. 

El movimiento consciente nos permite observar cómo se encuentra la relación entre el CM desde el punto de vista de la salud. A través de él, podemos percibir hasta qué punto existe una desconexión entre ambos.

Esa desconexión puede manifestarse a través de determinados síntomas, como la ansiedad o los impulsos incontrolados, que pueden reflejar dificultades en la relación entre el cuerpo y la mente.

La práctica de una técnica busca precisamente restablecer esta relación, hacernos conscientes de ella y recuperar la conexión.

Se trata de recuperar el equilibrio, la salud y la armonía con el Tao.

La respiración ocupa un lugar esencial en las artes marciales internas. ¿Cómo interviene en el movimiento consciente y qué relación mantiene con nuestro estado físico y emocional?

La respiración es la llave o la clave de la relación entre el cuerpo y la mente. Además, debe acompañar al movimiento; de lo contrario, el movimiento está vacío. Nosotros trabajamos la respiración consciente.

Aquí, en Occidente, no tenemos una cultura de la respiración. Para aprender, necesitamos estudiar la cultura oriental.

Esa conexión también se entrena a través de la meditación, la sabiduría y el trabajo cognitivo.

Se activan y potencian nuestros mecanismos de autosanación, tanto mentales como físicos.

Una respiración corta y rápida es sintomática de desconexión; una respiración lenta y profunda es señal de conexión, equilibrio y salud.

Muchas personas se acercan a estas disciplinas buscando bienestar o una actividad física. ¿Qué sucede cuando la práctica deja de ser algo puntual y comienza a formar parte de nuestra vida?

Pasa a ser lo que se llama una filosofía de vida. Las técnicas y las disciplinas que vas aprendiendo pasan a ser un componente más de tu filosofía de vida.

Después de tantos años de práctica, ¿cómo ha cambiado su manera de comprender ese camino? ¿Qué lugar ocupa la paz en ese proceso?

Bueno, cuando eres consciente del camino que sigues, descubres que este tiene diferentes etapas, es decir, que es un proceso. Entonces, la paz es el camino, no es la meta. Vives el proceso.

Eso es producto de que vas incorporando toda esa riqueza de técnicas a tu existencia. Todas esas disciplinas sanadoras van aumentando tu salud, tu equilibrio y tu armonía.

No es la cantidad de lo que vives, sino la calidad.

En una enseñanza que implica un proceso tan personal, el papel del profesor adquiere especial importancia. ¿Qué responsabilidad tiene quien guía la práctica, especialmente en experiencias más intensivas, como talleres o retiros?

Bueno, esas experiencias deben estar orientadas y asesoradas por aquellos que tienen una mayor realización personal en aquello que vas a realizar o practicar.

Buscamos la profesionalidad, porque no todos tenemos talento para lo mismo y, a veces, hay practicantes que aún no reúnen las condiciones necesarias para participar en un taller o en un retiro.

Los retiros más intensos requieren que los alumnos hayan tenido una iniciación. Es decir, el profesor debe proporcionarles elementos de juicio para que no se conviertan en satélites, sino que sean sujetos conscientes de su propio proceso, para evitar que sean manipulados.

Aquí estamos hablando de educación, de un proceso de enseñanza-aprendizaje en el que hay unos actores que deben ser responsables de ese proceso, pedagógicamente hablando.

Hay quienes piensan que para iniciarse en estas disciplinas es necesario tener una preparación física, una edad determinada o conocimientos previos. ¿Qué le diría a alguien que desea comenzar?

Estas son prácticas milenarias. No necesariamente tienes que nacer sabiendo; basta con tener mente, cuerpo, chándal y un buen profesor o una buena profesora.

Y, para terminar, en una sociedad que vive tantas veces pendiente del pasado o anticipando el futuro, ¿qué pueden enseñarnos las artes marciales internas sobre el valor de estar presentes?

Lo mismo que te enseña cualquier arte, te lo enseña el arte marcial: todo lo importante está en el aquí y en el ahora, en el tiempo presente.

Para el artista no tiene sentido estar en el pasado o en el futuro.

Las artes te llevan a contemplarte, a que te contemples.